Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la
gloria y el poder por los siglos de los siglos.
Dígnus est Agnus, qui occísus est, accípere
virtútem et divinitátem et sapiéntiam et fortitúdinem et honórem. Ipsi glória
et impérium in saecula saeculórum.
Oremos:
Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy
amado, Rey del universo; haz que toda criatura, liberada de la esclavitud del
pecado, sirva a tu majestad y te alabe eternamente.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Celebrante:
Dirijamos hermanos y hermanas, llenos de confianza, nuestras súplicas a Cristo,
supremo Señor de la vida y de la muerte y rey de todas las criaturas del cielo
y de la tierra:
Respondemos a cada petición: Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los pastores y fieles de
la Iglesia se esfuercen con celo para reconciliar al universo con Dios y en
pacificar por la sangre de la cruz de Jesucristo a todas las criaturas,
roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que la semilla evangélica,
escondida en las diversas religiones y culturas, germine y se manifieste, y
todos los seres humanos reconozcan con gozo que Cristo es Señor, para gloria de
Dios Padre, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que quienes aún viven bajo el
dominio de la ignorancia, el pecado o el sufrimiento sean trasladados al reino
de Cristo y encuentren el fin de sus penas, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Para que los que hoy celebramos la
solemnidad de Cristo, Señor supremo del universo, a quien están destinadas todas
las cosas, participemos también un día en la herencia del pueblo santo, en el
reino de la luz, roguemos al Señor.
Te rogamos, Señor, óyenos.
Celebrante:
Dios todopoderoso y eterno, que, para edificar tu reino en medio de los cambios
y dificultades de la historia, has constituido a tu Hijo rey único y pastor
universal de todos los seres humanos; escucha nuestras oraciones y afianza en
nosotros la certeza de que llegará el día en que, aniquilado el último enemigo,
la muerte, Cristo, tu Hijo, someterá a ti su reino, y tú lo serás todo para
todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Al ofrecerte el sacrificio de la
reconciliación humana, te rogamos, Señor, que Jesucristo, tu Hijo, conceda a
todos los pueblos los bienes de la unidad y la paz.
El, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
En su trono reinará el Señor
para siempre y le dará a su pueblo la bendición de
Sedébit Dóminus
Oremos:
Alimentados con el pan que da la vida eterna, te pedimos, Señor, que quienes
nos gloriamos en obedecer aquí los mandatos de Cristo, Rey del universo,
podamos con él vivir eternamente en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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